Todo
el mundo se lava las manos, excepto para recaudar. El
gobierno municipal de Ana Botella, con el anuncio de una ordenanza
de convivencia que
aprobará en 2014, prevé multas de 750 a 3000 euros por
infracciones tan depravadas como ofrecerse a limpiar parabrisas en un semáforo o pedir
limosna ante un centro comercial. La
tan manida hipocresía legal se muestra implacablemente despiadada ante un
problema de historias descorazonadas y angustias a la intemperie. Según FEANTSA (federación europea que lucha contra el sinhogarismo), se calcula que, sólo en Madrid, más de 2.000 personas duermen en la calle cada noche. Tristemente, la contundencia de este naufragio social es ajena a los piratas del consistorio, más centrados en reducir cifras de pobres a base de multas eurolamentables. En su esfuerzo por tratar de disuadir de la indigencia, como si hubiera alternativa, parece que creyeran que pueden suprimir a los sintecho con una goma de borrar.
Donka es una indigente búlgara que mendiga atención y ayuda con la mirada perdida en este infinito de incomprensión. Ante la desidia y el maltrato institucional que la criminaliza, y sin apenas hablar nada de castellano, sólo le queda esperar algo de anónima solidaridad. "Crea ilusión", "comparte alegría" son los eslóganes que anuncia la franquicia en la que se resguarda. No todo está perdido cuando todavía hay personas comprometidas que tratan de auxiliarla.
@ardeipalatnac






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