Prácticamente todos los días paso por el metro de Ciudad Universitaria e invariablemente, al subir las escaleras que conducen a la calle, fijo mi mirada en el cartel publicitario que anuncia la nueva Campaña de Cruz Roja para donar sangre. “Luego vendré a informarme, me digo; “Mañana sin falta me paro “o “Tengo mucha prisa por llegar a clase”.
Es
muy fácil buscar excusas. Es muy fácil
dejarlo para mañana sabiendo que no será nunca. No caemos en la cuenta de que
con un solo gesto solidario, podemos ayudar a mucha gente. Hasta que no nos afecta
en primera persona no nos damos cuenta de la magnitud del problema que plantea
la falta de sangre en los hospitales. ¿Se imaginan que su vida dependa de una
de esas donaciones y no llegue? Nos acordaríamos entonces de todos aquellos
momentos en los que pasamos por delante y no nos paramos ni siquiera a
reflexionar un poco sobre el asunto.
Al igual que ocurre con las donaciones de sangre, tan al alcance de nuestra mano, pasa con otros muchos problemas que afectan a millones de ciudadanos. Solo reaccionamos de una manera instintiva ante las grandes catástrofes retransmitidas a través de los medios de comunicación, en las que vemos estremecedoras imágenes de niños pidiendo ayuda, agua o comida, que nos parten el corazón. Reaccionamos en un primer impulso e intentamos ayudar. Sin embargo, con el paso de los días, olvidamos la catástrofe aunque el problema persista durante muchos años.
Al igual que ocurre con las donaciones de sangre, tan al alcance de nuestra mano, pasa con otros muchos problemas que afectan a millones de ciudadanos. Solo reaccionamos de una manera instintiva ante las grandes catástrofes retransmitidas a través de los medios de comunicación, en las que vemos estremecedoras imágenes de niños pidiendo ayuda, agua o comida, que nos parten el corazón. Reaccionamos en un primer impulso e intentamos ayudar. Sin embargo, con el paso de los días, olvidamos la catástrofe aunque el problema persista durante muchos años.
Así
lo demuestran los datos. Por ejemplo, según subraya El País, en cuanto a la catástrofe en Filipinas “desde
primera hora del lunes hasta bien entrada la tarde del miércoles, Médicos sin
Fronteras (MSF) reunió 750.000 euros en donativos en
España destinados a las víctimas del tifón a través de su web y por teléfono”. Pasados
los primeros días, y pasadas las imágenes de actualidad, nuestra solidaridad
disminuye rápidamente y la catástrofe humanitaria cae en el olvido.
Podemos
buscar otras muchas excusas. El que usamos los donativos para acallar nuestras
conciencias, ya que nos sentimos
culpables por vivir en países desarrollados y las catástrofes ocurren en países
pobres. Quizá, no siempre los donativos a ONG o asociaciones sin ánimo de lucro
llegan al destino deseado, puesto que en algunas ocasiones pueden enmascaran
negocios dudosos.
Finalmente,
sin embargo, si queremos que las cosas mejoren, es fundamental ser solidarios
en el día a día. También ante las grandes catástrofes, pero sobre todo en los
pequeños problemas cotidianos que tenemos más cerca. ¿Quién no tiene al lado
alguien necesitado, no solo de dinero sino también por ejemplo, de compañía o
afecto? Los caminos largos se recorren con pasos cortos. Los buenos actos
cotidianos nos pueden llevar muy lejos.






No hay comentarios:
Publicar un comentario