Esta semana conocíamos la noticia de que después de dos años en los que el gobierno se ha bajado los pantalones para que Eurovegas terminara de fraguarse en la localidad madrileña de Alcorcón, el magnate de Las Vegas Sands ha dado puerta al proyecto.
Después de haber creado un vacío legal a medida para el viejales estadounidense, éste se ríe en nuestra cara con un: ¡Hastaluego Lucas!.
No era suficiente con permitir el consumo de tabaco, la legalización y el tráfico de meretrices, la entrada al complejo de ocio de menores y ludópatas: Adelson quería más y el gobierno no ha podido seguir asumiendo las condiciones de Sodoma y Gomorra que se exigían.
De nuevo a la Comunidad de Madrid se le ha visto el plumero con su ya tradicional forma de pintar a los españolitos pajaritos en el aire; Ya lo vislumbramos con el ensueño de Olimpiadas 2020 que se disolvió cual pastilla esfervescente, ahora volvemos a revivir la quimera con Eurovegas.
No sé quién podía verle viabilidad a un proyecto que desde su génesis era inconcebible en un sistema democrático como el nuestro, digo inconcebible para los ciudadanos, ya que los de arriba nos lo habían vendido como la repanocha: la perfecta salida a la crisis.
Las expectativas, ahora rotas, que Esperancita e Ignacio Gónzalez nos juraron eran jugosas: más de 230000 puestos de trabajo en construcción, hostelería y ocio entre otras. Sabían que a la mayoría de los españoles se nos harían los ojos chirivitas solo de imaginarnos siendo los crupieres de la jetset extranjera.
A ver si el gobierno de una vez aprende la lección y deja de construir proyectos en el aire porque como bien nos enseñaron en el cole, según la ley de la gravedad: todo cae por su propio peso.
Ahora, con el culo al aire, al gobierno le toca dar explicaciones a la ciudadanía y la oposición de por qué Eurovegas se ha ido al garete. De momento, no le queda más remedio que permanecer mudo ya que a diferencia de los buenos estrategas, el PP no cuenta con un plan B (como los que solía guardar bajo la manga James Bond) para convencer a la opinión pública de que Eurovegas había sido un proyecto real y no un montaje.






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