A España le siguen
quedando asignaturas pendientes, así lo ha dictaminado el informe
PISA, el cuál nos sigue sacando los colores sitúando a nuestro país
por debajo de la media de la OCDE en matemáticas, comprensión
lectora y ciencias.
Obtenemos un resultado
penoso en la prueba internacional que evalúa el rendimiento de
nuestros quinceañeros, algo que no resultaba difícil de augurar si
tenemos en cuenta que la 'Ley Wert', también llamada “Ley para la
la Mejora de la Calidad Educativa” es la séptima que contamos en
35 años. Y vamos a por la octava, ya que la oposición pretende
derogarla en cuanto ponga un pie en el poder.
Es difícil que España
escale puestos en el ranking si cada vez que cambiamos de partido al
frente del gobierno se modifica la ley educativa vigente.
Este constante goteo de
leyes -LODE, LOGSE, LOCE, LOE y LOMCE- se debe a que nuestros
políticos han sido incapaces de dejar de lado sus absurdas
guerrillas y llegar a un acuerdo nacional para alcanzar el bien común
y poner fín a unos resultados que dejen a España ante Europa como
la peor de la clase.
Todavía recuerdo cuando
terminé mis estudios de bachiller y tuve que presentarme a
selectividad sintiéndome como un verdadero conejillo de indias ya
que pasabamos de la LOGSE a la LOE y se cambiaba (sin apenas ningún
tipo de información) de cabo a rabo la estructura y el enfoque del
examen que iba a determinar que entraramos a la carrera a la que
aspirabamos.
Ahora tenemos una Ley
Wert que ha conseguido aumentar la falta de equidad ya que por
primera vez con el informe PISA se identifican resultados dispares
entre comunidades y dentro de los centros que encuentran su
explicación en las desigualdades socieconómicas existentes.
Una ley que además se
encariña con los centros concertados y le toma manía a los
públicos, una ley que apoya la insensata idea de separar a alumnos
por sexos, en fín, un despropósito de ley que de ninguna manera ha
logrado que España supere, aunque sea raspando, la prueba PISA.
Lejos de creer que los resultados del informe internacional se deben a la falta de motivación del alumnado por el esfuerzo, por el sentido de la responsabilidad, del trabajo personal y su reconocimiento, considero que los redultados obedecen más a una cuestión de “cambio de ley y tiro porque me toca” y a los constantes recortes en educación que dejan tiritando a los centros públicos.
Con este tipo de medidas
no es de extrañar que los jóvenes accedan a la universidad y al
mercado laboral con una base académica mediocre.







No hay comentarios:
Publicar un comentario