No hace mucho,
estaba sentada en la parada del autobús cuando escuché por primera vez la
palabra fracking. “Un deporte de riesgo” pensé yo. Qué inocente. Cuando llegué
a casa me pudo la curiosidad y tecleé la palabra en Google. Aquello que parecía
un deporte de riesgo resultó ser una palabra inglesa que se traduce como “fractura
hidráulica” y es la técnica que se usa para extraer gas natural y petróleo
directamente de la roca.
Busca liberar el
gas atrapado en la roca madre situada a unos 4.000 metros bajo tierra, lo que
según las empresas del sector, no conlleva ningún riesgo porque están
totalmente aislados. Para alcanzar esa profundidad, hay que hacer un pozo,
aislarlo con varias capas de acero y cemento y por ahí inyectar, a presión, una
mezcla de agua, arena y aditivos químicos. Así a primera vista, no parece muy seguro. Y es que
el fracking aun genera muchas dudas, cosa que no me extraña porque ya hemos
podido ser testigos de terremotos en la zona de Levante o de contaminación de acuíferos
en EEUU.
En EE.UU existe desde
hace más de 20 años y desde entonces ha sufrido un boom. A España no llegó hace
mucho pero ya está levantando polémica, sobre todo por la zona norte del país,
donde el Gobierno de Cantabria ha decidido prohibirlo y en muchos ayuntamientos
afectados han aprobado mociones anti fracking. Debido a ese boom,varias multinacionales estadounidenses se han interesado por los recursos de gas no
convencionales en España despertando el malestar de distintos
colectivos ante los posibles riesgos
medioambientales. Ya
se han dado más de 100 permisos para investigar las posibles reservas, la mayoría
en la zona vasco cantábrica pero también en Cataluña, Andalucía y Murcia. Desde
el Ministerio de Industria, José Manuel Soria apoya la tecnología pero, como no, ponen condiciones.
Discrepancias
también en la Comunidad Internacional. Algunos países como Francia o Bulgaria
han aprobado moratorias, otros como Dinamarca o Polonia apuestan por seguir
investigando. La mayor inversión en fracking es en EEUU con medio millón de pozos.
Aseguran que allí ha generado unos dos millones de puestos de trabajo y ha
reducido a la mitad el precio de la energía. Con esta escusa de los puestos de
trabajo, el Reino Unido ofrecerá el 64% de su territorio a esta técnica,
concediendo nuevas licencias y dividiendo a la opinión pública del país.
Pero ¿tiene
futuro el fracking en nuestro país? ¿Cuáles son las reservas de gas no
convencional en nuestro subsuelo? ¿Es esta técnica la solución al déficit
energético de nuestro país? ¿Qué debemos
hacer? ¿Apostar por el fracking o por modelos de energía renovables más seguros
y útiles de cara al futuro? No será un deporte de riesgo pero de eso está claro que tiene mucho.






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