"Cansada de la burricie varonil con que a veces tengo
que enfrentarme, estupefacta ante la ocasional ceguera masculina para
comprender la realidad más evidente y preocupada por la total
incapacidad de algunos hombres para discernir lo que les conviene, he
llegado a la conclusión de que ya va siendo hora de dejarse de
pamemas y pasar a la acción. O sea: ya va siendo hora de que
los hombres se liberen."
Así comenzaba uno de los geniales artículos que Maruja Torres publicaba en
El País, un
día de diciembre de 1995. Más
de 18 años después, el 2013 que termina
nos deja un reguero de noticias dramáticas, descorazonadoras,
retorcidas y, en general, malas o muy malas, especialmente para ellas. Este mundo, hecho a imagen y semejanza del hombre, por y
para ellos, no podrá convertirse en humano sin que participe
en él la otra mitad de la especie, y sin que los varones hagan
suya la lucha por los derechos humanos de las mujeres. Es algo tan
obvio que no debería pedirse, ni siquiera explicarse. La realidad ya habla por sí
sola.
La causa de la igualdad femenina, lo que algun@s
defendemos como feminismo, - aunque a muchos les chirríe o se les atragante el término - se enfrenta a retos colosales. "En
el siglo XIX, el principal desafío moral para la Humanidad era
la esclavitud. En el XX, lo fue el totalitarismo. En este siglo, lo
es la brutalidad que sufren tantas mujeres y niñas en todo el
mundo: el tráfico sexual, los ataques con ácido, la
quema de novias y las violaciones en masa" Así
lo explicaban Nicholas Kristof y Sheryl WuDunn en un reportaje, inspirado en su obra, La mitad del cielo, para
The New York Times, con el que ganaron el premio Pulitzer en 2010. Aunque ya Flora Tristán advertía desde principios del siglo XIX a la sociedad de entonces que "todas las desgracias del mundo provienen del olvido y el desprecio que
hasta hoy se ha hecho de los derechos naturales e imprescriptibles del
ser mujer." Tristemente cierto. Hay algo más que olvido y desprecio en la actitud de la mayoría de los países. No sé si ustedes también habrán caído en ello, pero, por alguna razón que resulta tan oscura como misteriosa, todos los fundamentalismos mundiales, políticos, religiosos o ambas cosas, nos la tienen jurada. El odio, la vejación y las persecuciones contra las mujeres son una constante. Todos quieren controlar a la mujer. Cómo vestimos, qué hacemos, cómo nos comportamos y, por supuesto, nuestra libertad sexual y reproductiva. Producto de la cobardía o de la burda estupidez, la misoginia ha sido combatida de forma intrépida por mujeres heroicas que a lo largo de la historia pusieron agallas y dedicaron su vida a la causa de la liberación femenina, aunque fueran vilipendiadas, ridiculizadas, insultadas, encarceladas y hasta torturadas. Sugragistas, científicas, escritoras, artistas, deportistas y otras muchas a las que debemos tanto...
Quisiera dedicarles a ellas y a su indiscutible valentía estas líneas, pero tambíen a exigir a nuestras sociedades y a ellos un compromiso con el respeto a la mujer para que la igualdad y la libertad que nos corresponde sean efectivas. Para los que piensen que no es problema suyo, o que no hay nada que puedan hacer, que sepan que, mientras termino este párrafo, el número de víctimas de la violencia de género en España asciende a casi medio centenar, que la exclavitud sexual mueve miles de millones dentro y fuera de nuestras fronteras, que, no por casualidad, la definición de "mujer" en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española repite el término prostituta hasta cuatro veces, que el aborto está a punto de convertirse en delito en nuestro país, que en los Emiratos Árabes o en Arabia Saudí no se nos permite votar, - ni conducir -, o que en la mayoría de los países pobres y en desarrollo no se escolariza a las niñas o se les impide el acceso a la educación. Estos retos implican un compromiso de todas las personas, hombres y mujeres. Tengan en cuenta que no hay tiempo que perder para que los varones por fin asuman este compromiso, se liberen de boberías y se hagan feministas. Como ya les espetó tan acertadamente en su día Maruja Torres, "no necesitan seguir siendo los más duros, los más listos, los más
valientes, los más ricos, los más fuertes, los más triunfantes y los que
la tienen más larga del planeta; y que no deben de asustarse con los
cambios, porque al final es cosa evidente que saldrán ganando." Yo les incito también a la manera en que lo hizo Flora Tristán, "en nombre del bienestar universal de todos y de todas
os comprometo a reclamar los derechos para la mujer." El mundo, nuestro mundo, os lo agradecerá.















